Hay un momento muy específico que ocurre todos los años.
Llega junio.
Abres el armario.
De repente sientes que no tienes nada que ponerte.
No es verdad, claro. Pero TikTok lleva semanas preparándote para esa sensación. Polka dots por todos lados. Faldas de lentejuelas. Boho chic. Pucci summer. El Y2K style que aparece en todos los feeds como si hubiera una reunión a la que no te invitaron. Y en algún momento dejas de preguntarte si te gusta y empiezas a preguntarte por qué no lo tienes ya.
Acaban de empezar las rebajas.
Sentimiento de urgencia.
De repente tienes 400€ en Zara de cosas que hace cuarenta minutos ni sabías que querías.
Hace unas semanas hice el cambio de armario de invierno a verano.
No encontré nada nuevo.
La misma camiseta blanca de algodón.
Los mismos vaqueros.
Las mismas sandalias.
El mismo capazo grande de rafia que mi novio me regaló de un puesto de Ibiza.
Y por primera vez me pareció suficiente.
Internet nos ha convencido de que cada verano exige una nueva versión de nosotras.
La chica que pasa el verano en una villa en la Toscana con vestidos relajados de flores. La que pasa agosto en Ibiza entre botellas de Moët, la piscina de Nobu y conjuntos de Alo Yoga. La que se pasa los veranos en Copenhague.
Déjame decirte que lo normal no es cambiar el armario cada verano.
No es comprar una vida imaginaria.
Es comprar para la vida que ya tienes.
Para los domingos que empiezan tarde, con el periódico abierto en la mesa del comedor, el café ya frío y las ventanas abiertas.
Para las cenas que empiezan con una copa de vino blanco y terminan cuando apagan las luces de la terraza haciéndoos ver que ya es demasiado tarde para seguir allí.
Para sentarte en una terraza después de la playa con el pelo todavía goteándote por la espalda.
Para meter un libro, gafas de sol, lip combo y unos zapatos extra por si la noche cambia de planes.
Para vivir la ropa.
No para demostrar nada a alguien que ni te está mirando.
Hace unos años me fui a Estocolmo con mi padre. Verano. Llevaba esos pantalones de rayas azules y blancas que internet me había vendido como la cúspide del estilo escandinavo (sí, esos que tienes ahora mismo en la cabeza).
Yo estaba convencida de que parecía una más. Una chica que veraneaba allí cada verano aunque fuera la primera vez que iba.
Las suecas, efectivamente, no llevaban esos pantalones. Llevaban un jersey arrugado en el fondo del bolso porque sabían que en algún momento bajaría el frío, un look que les permitía sentarse en un parque toda la tarde, montar en bici e ir a cenar al lado de un canal con una copa de vino.
Y ahora miro esas fotos y me veo disfrazada.
No veo a una chica escandinava. Veo a alguien que había pasado demasiadas horas en TikTok.
A todos nos ha pasado.
Pero hay una diferencia entre dejarse influenciar por tendencias, inevitable, y comprar sin preguntarte si eso que estás añadiendo al carrito lo querías tú o lo quiso el algoritmo.
Esa pregunta. Solo hace falta hacerse esa pregunta.
Esto no va de prohibiciones. No va de ser la chica que no sigue tendencias, porque eso también es un personaje, y ya hablamos de esto en la No. 7. Va de construir un armario que se sienta tuyo cuando lo abres un miércoles cualquiera para salir a hacer recados. No solo para ese viaje que tienes en tres meses. Ni para ese momento concreto en el que piensas para justificar la compra que estás a punto de hacer pero sabes, desde el principio, que no vas a usar.
Empezamos.
Una nota: esta carta incluye algunos enlaces de afiliados. Sin coste para ti. Todo lo que vas a leer aquí es una recomendación completamente personal.
1. Lo que probablemente NO necesitas
No porque los productos en sí estén mal. Sino porque hay una sobresaturación y lo más probable es que un año no los puedas ni ver.
Polka dots
Llevan un par de años que están por todos lados. En sets de top y falda que se venden juntos, así es más fácil, y que en un año no sabrás qué hacer con ninguna de las dos piezas. Si te gustan y de verdad quieres llevarlos, te espero en el punto 4, donde te doy mi truco personal para hacerlo sin que parezca que llevas un uniforme.
El encaje
Everywhere. Ya lo vimos este invierno con esos vestidos lenceros asimétricos que se ponían por encima del pantalón y ya los vendían incluso cosidos en un mismo conjunto. Se aborrecieron en cuestión de dos meses.
El encaje funciona cuando eliges de forma cuidada dónde ponerlo y por qué. Como detalle. Intencional.
La prenda viral de TikTok
Esa prenda que cuando la ves no te fijas ni en la persona que la lleva porque lo primero que piensas es “otra vez”. La chaqueta de cuero negra y cuello alto de Zara. Las botas cowboy. La redecilla en la cabeza estilo Coachella. En sí mismas no tienen nada de malo. El problema viene cuando compras el pack: el uniforme. Sin pensar. Sin adaptarlo. A tu estilo, a tu rutina, a lo que tú necesitas.
El Ibiza Style que no es Ibiza.
Este trend que vuelve cada junio, que en algún punto crearon unas estadounidenses que fueron a pasar cuatro días a Ibiza (bueno, a San Antonio) y determinaron que eso era Ibiza Style. Lentejuelas, animal print, colores encima de colores, botas de cowboy por alguna razón que a día de hoy sigo sin entender. Como alguien que tiene la suerte de sentir Ibiza como su segunda casa, te puedo asegurar que no tiene nada que ver con Ibiza. Ibiza es lino. Es seda. Es pies en la arena mientras comes una paella en un chiringuito. Es sensual, espiritual, años 70 y 80, artesanía, bordados, effortless. Es música, es amigos, es coche lleno de bolsas, toallas, arena y botellas de agua, pelo rizado por la salitre. Es atrevida, hippie y chic.
(por supuesto que si hago las city guides tendréis la de la Isla bonita)
El poliéster que no sobrevive a septiembre
Esto merece su propio párrafo.
¿Sabéis ese dicho de madre de “lo barato sale caro”?
Chicas: lo barato sale caro.
Poliéster.
Acrílico.
Poliamida.
Ese jersey que no abriga.
Ese vestido con el que te mueres de calor.
Esa gabardina que parece perfecta hasta que llega el invierno.
Un pedido de noventa euros a Shein porque para qué comprarte dos cosas buenas que te duren años si puedes comprarte quince. Puedes hacerlo. Pero ese pantalón no pasa del verano. Ese top de acrílico a treinta y cinco grados es un castigo. Los tirantes se acaban rompiendo y, si lo lavas tres veces, empiezan las pelotillas. Si cada tres meses haces un pedido de cien euros, son cuatrocientos euros al año. Con cuatrocientos euros te haces un armario cápsula que seguirás usando por mucho que pasen los años.
Me encantaría darte la razón en esto, pero no puedo. Así como os dije en la carta No. 10 que no me convencerán de que vale la pena gastarse sesenta euros en una máscara de pestañas o un lip liner, te aseguro que el jersey de cashmere, la gabardina de lana, el vestido de seda y las básicas de algodón valen la pena.
La calidad no es elitismo. Es matemática.

2. Lo que SÍ
Ready-to-wear
La camisa boyfriend: esa que parece robada del armario de tu novio. Ligeramente oversized, con las mangas remangadas, desabrochada, caída. Con pantalones de lino, con un bikini por debajo en la playa, abierta con unos vaqueros y un tank top. Si vives con tus padres, te juro que las mejores camisas que tengo son del armario de mi padre, por no hablar de las americanas… pero bueno, esto lo dejo para armario cápsula en septiembre.
El negro en verano: Sí. Una de las cosas más chic que puedes hacer en julio es no renunciar al negro porque “es de invierno”. Lino. Con unas chanclas. El pelo recogido porque hace calor. Joyas en plata cuando ya estás morena. Cara lavada (entiéndeme, que todas sabemos que esto es un poco de crema con color que iguala el tono, corrector ligero, algo de colorete para resalta el efecto sun kissed, y polvos para no brillar como una luciérnaga).
El vaquero, siempre: para las del norte de España o las que viven en un sitio que se lo permite. Por favor. Usad vuestros vaqueros!!! Con un capazo de rafia y chanclas. Clásico. Un vaquero light wash, looser fit, con tirantes finos blancos. Nunca falla. Y si os parece aburrido, jugar con los complementos. El jersey en el bolso porque sobre las ocho baja el frío y lo vas a necesitar mientras juegas a las cartas con tus amigas en la playa. Mi normalidad hasta que cumplí los dieciocho y me mudé a Madrid.
Shoes
Las chanclas: para la playa, con vaqueros, faldas, vestidos. Negras, o en un color: mostaza, rojo, turquesa. Una de esas tendencias que, por fin, tiene sentido. Hace el look más fácil, cómodo, fresco y cool.
Las bailarinas de piel: un clásico atemporal. De piel negra como básico, pero puedes jugar con colores o estampados. Cómodas, visten, no caducan. De las mías os he hablado en Les Archives, compradas casi sin querer mientras esperaba en el aeropuerto y son, sin duda, de las prendas que más he usado esta primavera y lo que va de verano.

timeless (The Row, Repetto), versátiles, fondo de armario, mis famosas bailarinas de la T4 Los kitten heels: en punta. Con todo. Cómodos, estilizan, funcionan igual en verano que en invierno. Los que te arreglan cualquier look. Con un vaquero del que solo se ve la punta del zapato un octubre en Madrid o con un vestido fluido en el sur de Francia en junio. El noventa por ciento de mis zapatos, si me preguntas.
Los open loafers: para los días de ciudad. Si quieres algo más vestido que unas Birkenstock pero sin tacones para hacer recados. En colores claros, combinan con todo y, en verano, cuando los mocasines cerrados se convierten en un imposible, son la mejor opción.
Complementos
El bolso grande: no ese clutch en forma de concha que no te cabe ni el móvil. Un capazo de rafia en el que quepan el libro, la crema de sol, la toalla, el par de tacones por si surge una cena, un neceser con tus básicos. Grande. Práctico.

ideas: The Row green raffia bag (arriba izquierda), Tokyo Shopper (abajo a la derecha), Mango, Amazon, Parfois. Mi favorito: Ibiza, hecho a mano por payeses de la isla (Sta. Eulalia). Para el pelo:

french pin, diademas, semi-recogidos. SÍ. Gafas de sol:
3. Where to have FUN
Aquí si.
Aquí podemos jugar.
Cinturones
Pañuelos
Joyas
Bikinis

4. Okay… but I want TRENDS
Si tienes ganas de añadir algo en tendencia, y puedes, no hay ningún problema en hacerlo, la norma no escrita que he visto funcionar siempre: una sola pieza. El resto del look, lo más sencillo posible en colores, texturas y formas. Un look aparentemente aburrido más una pieza en tendencia. Intencional.
Un vestido sencillo y unas sandalias rojas.
Una falda especial y una camiseta blanca.
Un collar grande y una camisa masculina.
No hace falta que todo hable al mismo tiempo.
Nos vemos el próximo lunes.
Con el pelo un poco despeinado.
Una camisa demasiado grande.
Las gafas de sol olvidadas encima de un libro.
Una copa de vino blanco que ya se ha calentado un poco.
Y la sensación de que el verano, al final, nunca estuvo en el armario.
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08:30 a.m.
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No. 11 — Mis padres compraron una casa con 24 años. Yo tengo LinkedIn Premium.
Esta mañana he pensado en mis padres. En su juventud.
No. 10 — Deja de usar la camiseta de Coca-Cola como pijama
Hace poco una de mis mejores amigas me dijo algo que se me quedó grabado y de donde nace esta carta:




















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Me ha encantado el post 🤩