Hace poco una de mis mejores amigas me dijo algo que se me quedó grabado y de donde nace esta carta:
“Algo que me encanta de vosotros es que siempre tenéis cosas en casa que se sienten especiales.”
No eran cosas especialmente caras a las que se refería. Ni exclusivas de esas que te hacen estar meses en una wishlist.
Simplemente estaban elegidas.
Con intención.
Creo que vivimos un momento extraño con el lujo. Abres TikTok y ves a tu influencer favorita enseñando un nuevo bolso de Loewe, Louis Vuitton o Hermès. Te da las gracias porque “sin vosotras nada de esto sería posible” mientras sostiene algo que probablemente cuesta más que varios meses de alquiler para muchas personas.
Y no hay nada malo en ello. De verdad que no.
Pero sí creo que, a veces, es fácil sentir que el lujo es un club privado al que no estás invitado. Como si fuese algo reservado para otra etapa de la vida. Otro sueldo. Otra realidad.
Y la verdad es que, después de dos años trabajando en moda de lujo, he llegado a una conclusión bastante distinta. Las experiencias más lujosas de mi vida rara vez han sido las más caras.
Han sido las más cuidadas.
Las que tenían detrás artesanía, intención, calidad, tiempo o simplemente una historia.
Por eso me gusta tanto lo que llamo small luxuries.
Pequeños lujos.
Objetos o rituales que elevan lo cotidiano.
No cambian tu vida.
Pero sí cambian cómo la vives.
Y eso, para mí, siempre ha sido mucho más interesante.
1. Café de especialidad en tu taza favorita
Si eres una persona obsesionada con el café, entenderás esto.
Comprar café en grano o recién molido de tu speciality coffee favorito y prepararlo en casa, cada mañana.
Huele un poco aromático, pero no demasiado.
Espresso recién hecho.
Abres el libro que estás leyendo.
O te organizas el día.
Y durante diez minutos todo parece estar exactamente donde debería estar.
Añadiría otra pequeña obsesión personal: tener una taza favorita.
Esa que encontraste de una forma inesperada en tu último viaje y te llevaste como souvenir. La mía: Arket de mi último viaje a Ámsterdam. La que te regalaron. La que por algún motivo te molesta más de lo normal cuando no la fregaste el día anterior y no la tienes limpia para utilizar.
Las mejores cosas, siempre, suelen ser las que tienen una historia detrás.
2. Un buen pijama
¿Por qué le dedicamos tanto tiempo a elegir lo que llevamos fuera de casa y tan poco a lo que llevamos dentro?
Un buen pijama es uno de los mayores lujos silenciosos que existen.
Seda, algodón, lino.
Da igual.
Lo importante es cómo cae sobre la piel.
Cómo te hace sentir cuando vuelves a casa después de un día largo.
Si además encuentras algún pequeño atelier o comercio local que trabaje con materiales y confección cuidada, todavía mejor. Te puedo asegurar que hay más de los que piensas y si no, date un paseo por Salamanca (Madrid).
Y si bordas discretamente tus iniciales en él, prometo que entenderás exactamente de qué estoy hablando, pero bueno, no me adelanto que eso es el último punto.
3. Ropa de cama elegida con intención
Hay hoteles que nos parecen espectaculares cuando en realidad lo que recuerdas es que no habías dormido tan bien en mucho tiempo.
Las sábanas.
Las almohadas perfectamente ahuecadas.
El peso de un buen edredón.
La sensación de entrar en una cama recién hecha.
Lino lavado.
Algodón de calidad.
Quizá seda.
Lo que más te guste.
Pero invertir en aquello donde pasas un tercio de tu día siempre me parecerá una decisión extremadamente elegante y cuidada.
4. Olores
Probablemente mi categoría favorita.
Velas.
Perfumes. Para ti. Para casa.
Mi novio me introdujo en este mundo hará dos años y desde entonces estamos en constante búsqueda de nuestra rotación perfecta.
Si algo tienen los olores es la capacidad de transportarte.
A ciudades.
Otros a personas.
A momentos concretos de mi vida.
Últimamente estoy obsesionada con la que es mi última adquisición: Bibliothèque de Byredo. Tiene algo limpio y nostálgico al mismo tiempo. Por alguna razón me recuerda a la casa donde crecí. Mi nuevo favorito para verano.
En verano quiero algo limpio. Fresco. Como sábanas recién tendidas secándose al sol. Césped recién cortado. La sensación de salir de la ducha y saber que tienes todo el tiempo del mundo para arreglarte porque no hay prisa.
Si quieres algo más tropical, más verano puro, teletransportarte a Brasil: Astro Astral, también de Byredo. Y Valaya o Delina de Parfums de Marly. Si no lo has probado, pruébalo y entenderás por qué todo el mundo habla de él.
En invierno busco lo contrario.
Más musky. Que huelan a chimenea, madera, cenas largas y jerséis de punto.
By the Fireplace de Maison Margiela. Un clásico que siempre funciona.
Jazz Club, también de Margiela, si el plan es ir al nuevo local que acaba de abrir en tu ciudad con tus amigas y pediros un pornstar martini.
Les Sables Roses de Louis Vuitton si quieres dark feminine energy. Sin duda mi favorita para una date night.
Para casa: Loewe si quieres presencia. Le Labo o Diptyque si prefieres algo más ambiental, sutil pero que si te fijas en los detalles se note. ¿Mi spray para casa favorito? Uno que nos regaló la madre de mi novio de Ibiza que huele exactamente a eso. A mediterráneo. Fresco. Leerte un libro después de comer porque no hay nada más que hacer hasta que baje el sol. Ensalada de pasta tamaño industrial en un bol de madera para toda la familia.
5. Elevar lo cotidiano
Un buen jabón de manos.
Una pasta de dientes que se sienta fresca.
Una crema corporal que realmente disfrutes usar.
Un champú que convierta una ducha rápida en un “no me quiero salir”.
No porque sea necesario.
Porque lo hace mejor.
Aesop para el champú, gel y crema. L’Occitane para el jabón de manos. En pastilla, mejor. Marvis para la pasta de dientes. Mis favoritos.
6. Un neceser de imprescindibles.
Nunca me convencerás de que necesito gastar sesenta euros en una máscara de pestañas o un lip liner.
Pero sí creo profundamente en encontrar esos productos que funcionan de verdad para ti.
Una base fácil de difuminar. Cobertura perfecta. Modulable. A tu piel simplemente le sienta bien.
Un limpiador que realmente te limpia.
Una crema de sol que no se sienta pesada. Con ingredientes naturales.
Menos ruido.
Más intención.
7. La comida también puede ser un lujo
Si eres como yo que realmente disfrutas comer, esto es para ti.
Un buen queso. ¿Realmente te compensa comprar ese queso en lonchas sin sabor que se siente como plástico? Vete al mercado y compra queso al corte. Ahora si puedes hacer una buena tabla de quesos de primero. Ahora sí.
Un buen aceite de oliva. Nada más que añadir.
El pesto genovese de cuando quieres darte un capricho.
No como carne, pero si algo sé es que la charcutería es el Sephora de mi novio. Origen, maduración, tipos de corte. Todo un universo.
A veces el lujo no consiste en consumir más.
Consiste en consumir mejor.
8. La ropa interior.
La gran olvidada.
Nadie la ve.
Bueno, o casi nadie.
Y quizá por eso es tan importante.
Porque es para ti.
Un conjunto que te haga sentir cómoda, bien, sexy.
9. Hacer bonito lo que normalmente ignoramos.
Las zapatillas de casa.
La jabonera del baño.
Los trapos de cocina.
El cepillo de dientes.
El recipiente de las lentillas.
Las bandejas.
Los objetos cotidianos en los que no nos paramos ni a pensar.
La estética de una casa no suele construirse con grande muebles.
Se construye con pequeños detalles que tienen un sentido completo.
10. Ese objeto que te hace ilusión.
No tiene que tener sentido para nadie más.
Puede ser una cafetera.
Una estantería.
Una alfombra que lleva en tu carpeta de Pinterest guardada desde que te abriste la cuenta.
Una coctelera que probablemente nunca llegues a utilizar.
Incluso una aspiradora.
Da igual.
Sí, ese objeto que tienes ahora mismo en la cabeza.
Nunca subestimes eso.
11. Cosas hechas para ti
Un cepillo de pelo perfectamente pensado.
Un albornoz con tus iniciales.
La agenda o diario que envejece contigo.
Los objetos personalizados tienen algo muy especial.
Porque dejan de ser productos.
Y se convierten en tuyos.
La mejor definición de lujo que he encontrado no tiene nada que ver con el precio.
Tiene que ver con la atención.
El detalle.
Con elegir algo bien hecho.
Con disfrutarlo despacio.
Con crear pequeños rituales que hagan que tu día se sienta un poco más tuyo.
No necesitas todo lo que aparece en esta lista.
Quizá para ti sea una sola cosa.
Quizá sean tres.
Pero merece la pena recordarlo de vez en cuando.
Porque el lujo no siempre llega en una bolsa naranja.
A veces llega en forma de sábanas limpias. De un perfume que te recuerda a casa. De una taza favorita. De un libro abierto en verano.
Y de esa sensación difícil de explicar que aparece cuando todo está exactamente donde debería estar.
Gracias por estar un lunes más conmigo.
Nos vemos.
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08:30 a.m.
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No. 9 — Lo que nadie me contó de la industria de la moda.
Son las 22:47 de un jueves. Estoy en el sofá con las piernas recogidas y una luz que no da para leer bien. Esta semana se estrenó la segunda parte de The Devil Wears Prada.
















Personalmente creo que los pequeños detalles son ese lujo persistente. Estoy en un hotel ahora donde cada dia la limpiadora hace un pequeño triángulo en el papel higiénico y desde el primer día me parece un acierto que cuiden cosas así de simples que todos podriamos hacer y que marcan la diferencia. Me encanto leer tu artículo! Gracias por escribir!
Tienes un don para expresar las cosas y dejar el anhelo de leer más de ti.💓