No. 1 — Quiero construir algo grande. Y me aterra que me vean conseguirlo
Sobre redes sociales, marca personal y todo lo que se pierde por el camino.
Quiero construir algo grande y, al mismo tiempo, que nadie me vea conseguirlo.
Echo de menos cuando las redes sociales eran para los amigos. Cuando subías una foto terrible, mal enfocada, muchas veces tapándote la cara con alguna pose que estaba de moda en Tumblr y que no tenía sentido alguno. Y no tenía que tener sentido. Cuando tu audiencia era exactamente eso, tu gente. No había narrativa, no había estrategia, no había estética de feed. Eras tú y era suficiente. Algo se perdió en algún punto entre aquello y esto, y creo que ninguna sabemos exactamente cuándo.
Porque ahora todo tiene un peso diferente. Pides el Instagram antes que el número. Cuidas el encuadre antes de vivir el momento. Te descargas aplicaciones para que los colores de tu perfil sean coherentes. Y lo más curioso es que nadie te lo pidió; simplemente, en algún momento, empezaste a sentir que debías hacerlo.
A día de hoy, las redes sociales son tu carta de presentación, tu portfolio, el casting silencioso que ocurre cada vez que alguien te busca antes de conocerte. Hay algo en eso que me incomoda. Una cierta intimidad que se pierde cuando alguien puede construirse una imagen tuya antes de que hayas dicho una sola palabra. A veces pienso que quiero que se vuelva a pedir el número. Ya sé que estarás pensando que es porque soy otra chica en sus mid-twenties que se siente un alma antigua, y puede que sí, pero bueno, eso para otro día. Sino porque hay algo que se guarda en el espacio entre conocerse despacio.
Y aun así, aun buscando lo real y lo auténtico, todo parece editado. Hay algo paradójico en una autenticidad que se planifica, se filtra y se publica a la hora de mayor alcance.
Y luego está la tensión. Esa que no se nombra pero que palpita cada vez más fuerte en cada scroll. Entre los que crean y los que consumen. El creador espera nervioso que el consumidor nunca decida crear; al fin y al cabo, la atención es finita. Y el consumidor está convencido de que también podría vivir como su creador favorito, si quisiera. Es un pulso que se va inclinando hacia un lado y hacia el otro, esperando a que uno flaquee.
¿Cuántas veces no te ha pasado que empezaste a seguir a alguien porque encontraste un rayito de luz en la homogeneidad? Alguien con una forma de vestir diferente, o de comunicar. Y, sin embargo, a medida que más gente como tú vio lo mismo y le dio a ese agradecido y desagradecido botón de follow, eso se fue diluyendo. No porque quisieran. Sino porque el algoritmo recompensa lo que ya funciona. Y cuando encuentras la fórmula, es muy difícil resistirse a repetirla. Así, poco a poco, la persona se convierte en personaje. El personaje en producto. Y el producto en algo que ya no reconoces.
Quizá el problema es que estamos dejando de ser humanas para ser marcas. Que hemos confundido existir con ser consumidas. Y lo más inquietante es que, en algún punto, dejamos de darnos cuenta.
“Crea tu marca personal.” ¿Cuántas veces no lo has escuchado? Pero es irónico, ¿no? Cuanto más intentamos crear una marca personal propia, más idénticas nos volvemos. Los mismos captions, los mismos audios, los mismos gestos. Todo cuidadosamente pensado. Y la autenticidad, lo real, se vuelve tendencia.
Eso me aterra. No el fracaso. El éxito mal gestionado. Construir algo tan grande que deje de ser mío.
Porque soy muchas cosas al mismo tiempo y ninguna de forma exclusiva. Me encanta la moda y también el arte, la cultura, la filosofía, la política, el cine. Me gusta irme a reformer Pilates con mis amigas y luego hablar durante horas de todo y de nada. Reducirme a un nicho me parece como arrancar una página de un libro y decir que ya lo has leído.
Quiero crear sin perderme en el intento.
Todavía no sé si lo estoy haciendo bien.
Podría seguir, pero mi café ya está frío. ¿Tú qué piensas?
x
08:30 a.m.
Si disfrutas leyendo La Carta del Lunes, me encantaría:
Leerte en comentarios. Recuerda que esto es una conversación.
Que compartas la carta. Las mejores cosas siempre llegan recomendadas.
Vernos cada lunes a las 08:30 en tu bandeja de entrada.


