En Mi Mesita — I
Kiss All the Time. Disco, Occasionally - Harry Styles, 2026
Bienvenida a esta sección. Quincenal, sin fórmula fija. Un libro, un disco, una serie, una pieza. Lo que está en mi mesita ahora mismo y que, por algún motivo, quiero que esté también en la tuya.
Kiss All The Time. Disco, Occasionally. — Harry Styles, marzo 2026
La primera vez que lo escuché fue el lunes, de fondo, mientras escribía la carta que publiqué hace dos días. Espero que os haya gustado, por cierto. No lo esperaba con ansias, no puse alarma para el día del lanzamiento como sí hice con los anteriores. Simplemente estaba ahí, sonando, y en algún momento, sin darme cuenta, me paré.
Hoy, miércoles a las 18:42, me senté a escucharlo entero y en orden. Luz cálida, mi libreta de cuero negro, un espresso y mi pluma favorita. Y esto es lo que quedó.
Antes de seguir: esto no es una reseña. No hablo de producción ni de referencias musicales ni de nada que requiera saber de música, que no es mi caso. Esto lo escribe alguien que lleva siguiendo a Harry desde que, con dieciséis años, dijo: “I work in a bakery”. Le he visto crecer desde entonces. Y él, de alguna forma, aunque no lo sepa, me ha visto crecer a mí también.
Lo que me transmitió nada más escucharlo: el colapso de dos mundos. Club-ready electro por un lado, folk y ambience por el otro. Y en el medio, algo que no termina de decantarse hacia ninguno de los dos. Al principio pensé que era una falta de dirección. Luego pensé que quizá eso era exactamente el punto.
Harry, 32 años y, con ello, la barrera de los treinta. Y este disco suena a eso: a tener nuevas preguntas para las que tampoco tienes respuesta todavía. La parte tecno, descontrolada, de Berghain a las cuatro de la mañana, conviviendo con algo más curado, más quieto, más maduro. Como si los veinte y los treinta colisionaran en el mismo disco sin que ninguno de los dos ganara del todo. No sé si lo hizo adrede. Pero lo escucho y lo siento así.
Es furniture music. La banda sonora de tu día a día, de tus daily chores, del martes por la tarde sin ningún plan concreto. Como cuando una de tus mejores amigas viene a casa y no hace falta hacer nada en concreto. Solo estar. Juntas.
No pide atención. Se queda de todas formas.
Quick notes.
Aperture: Girls’ night, cocktails, esto sonando de fondo sin que nadie lo haya puesto conscientemente. No sé qué tiene, pero vive en mi cabeza a cualquier hora. “Let the light in”. Abrirse a lo que sea que venga.
American Girls: Cadillac descapotable, Los Ángeles, sol, cascos con cable enrollados al iPhone. No viví en los ochenta, pero en mi cabeza suena exactamente a esto.
Taste Back: Solo pasta night. En casa, velas, spicy rigatoni. ¿El siguiente plan? Sex and the City. “Must be lonely out in Paris if you talk like that”. Tan humano, tan poco heroico, pero tan real.
Coming Up Roses: Lo que suena mientras te preparas en la habitación de un hotel en una ciudad que no es la tuya, antes de quedar con alguien que sabes que no deberías. Albornoz. Pelo mojado. Todo el maquillaje esparcido por el lavabo. Una copa de vino mezclada con culpa. No se lo cuentas a tus amigas. Vas igual.
Carla’s Song: Avión. Nuevo comienzo. Sabes que es lo correcto. Lo sabes desde antes de decidirlo. Y, aun así, da miedo. Y lo haces igual.
Hay discos que escuchas y hay discos que te acompañan. Este es de los segundos. No te pide que lo entiendas, no te pide que lo analices. Solo que lo pongas un martes por la tarde, que hagas lo que tengas que hacer y que, en algún momento, sin darte cuenta, pares.
Gently melancholy.
x
08:30 a.m.
Si disfrutas leyendo En Mi Mesita, me encantaría:
Leerte en comentarios. Recuerda que esto es una conversación.
Que lo compartas. Las mejores cosas siempre llegan recomendadas.
Vernos cada lunes a las 08:30 en tu bandeja de entrada.





